Cómo ser un buen líder… sin llegar a ser un mal jefe (II)

Cómo ser un buen líder… sin llegar a ser un mal jefe (II)

En nuestro post anterior te hemos contado cómo ser un buen líder si quieres convertirte en un mejor jefe. Si lo que quieres es corregir tus hábitos para mejorar tu liderazgo y motivar a tu equipo, sigue leyendo para no ser un mal jefe. Toma nota:

1. Verifica si te consideran un “mal jefe” o estás actuando como tal

Párate un momento a pensar si estás actuando realmente mal con tu equipo o si tienes una buena razón para hacer lo que haces. Identifica lo que realmente te preocupa, puede que tu angustia se deba a consecuencias que van más allá de lo que percibimos a simple vista. Por ejemplo, estás más alarmado por los plazos de entrega que por la tarea en sí. Es algo que está fuera de tu control y te lleva a actuar de forma inadecuada. Comprender la fuente de tu verdadera inquietud te ayudará a actuar de forma apropiada.

2. Asegúrate de que tu mal día no afecta a los demás

Si tienes un mal día con tu equipo, asegúrate que no es la tónica habitual. Si estás pasando un momento complicado, tu principal preocupación debe pasar porque ese estado no afecte al trabajo de los demás. Trata de separar tus problemas de tu vida laboral. Si la fuente de tus problemas es precisamente el trabajo, haz lo posible para no contagiar ese estado de ánimo al grupo. Sé un buen líder y protege a tu equipo.

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3. No dejes que afecte a tu productividad

Tu trabajo debe estar por encima de tu “mal día”. No dejes que tus preocupaciones o tu mal humor afecten a tu forma de trabajar ni de relacionarte con otras personas o jefes de otros departamentos. Y recuerda: ser jefe no significa ser líder. Tú debes actuar como un buen líder poniendo por delante tus obligaciones y aprendiendo a separar lo que puede dañar tu cometido. No pienses que estás por encima de los demás, la jerarquía no lo es todo.

4. No actúes como un “micromanager”

Si detectas que los miembros de tu equipo se adelantan a tus peticiones, es posible que lo hagan porque te consideren un “micromanager”. Tus colaboradores quieren de esta forma huir de tu supervisión asfixiante. Confía más en tu equipo, acepta que necesitan independencia y pueden ser autosuficientes para llevar a cabo ciertas tareas. Aprende a delegar en ellos hasta el final de la tarea y verás cómo aumenta tu productividad a la vez que refuerzas tu liderazgo.

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5. Sé un líder

Pon toda la carne en el asador para adoptar el papel de líder. Sigue haciendo tu trabajo lo mejor posible, confía en los demás y aprende a delegar. Cuanto más te alejes de la “microgestión” tanto más repercutirá tu liderazgo en beneficio de la compañía y el tuyo propio. Sin darte cuenta, tus compañeros y tu equipo notarán quién es el verdadero líder porque apreciarán tu iniciativa.

No te pierdas la tercera (y última) entrega de cómo ser un buen líder en nuestro próximo post.

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